Indiscutiblemente, la celebración del día del niño en Costa Rica el 09 de setiembre es un momento propicio para meditar sobre el papel que deben jugar los infantes en nuestro diario vivir y por supuesto, sobre la gran responsabilidad que tenemos todos aquellos que hemos sido premiados por Dios con el don de la paternidad.
En este mismo espacio hace unos días, comentaba sobre las dificultades que enfrentan las familias pobres en la construcción de más prosperidad, que les faculte de más y mejores oportunidades para vivir una vida en dignidad plena. Hablaba sobre lo trascendente que resulta en esta búsqueda, la educación integral y el apoyo de todos los sectores de la sociedad.
En los últimos días, tras la euforia por los partidos de la selección nacional de fútbol, observé tanta movilización de los colores patrios, que ingenuamente pensé que la motivación de tantas banderas y camisas, era la celebración de nuestro 188 aniversario de vida republicana. Sin embargo, me di cuenta de la cruel realidad después del partido contra México, pues bajó la intensidad del rojo patrio y la apatía volvió a reinar en las calles, casas y vehículos.
Con mucho dolor y con la excepción casi única que constituye el programa Panorama de todos los días, puede uno ver cuánta indiferencia e irrespeto ante el canto del Himno Nacional, cuanta indiferencia ante esa letra maravillosa que tiene el Himno Patriótico al 15 de setiembre o cuan poco se promueve ya la Patriótica Costarricense. Es lamentable que en casi todos los lugares y dolorosamente hasta en muchos de nuestros educadores, el valor de los símbolos patrios exista solo en un partido de fútbol.
Mientras descargaba mi frustración con mis estudiantes en la Universidad, por la poca algarabía con que se celebran ahora en el país las fiestas patrias y por la excesiva cobertura al tema de la Selección y sus patéticas presentaciones más recientes, mi pequeño hijo Alejandro, con sus escasos 5 años, me reclamaba por qué nosotros aun no habíamos adornado nuestra casa con las banderitas, los escudos, las guirnaldas y demás signos externos tricolores con las que solemos decorar para esta época. ¿Estás triste por qué perdió la Selección me dijo?
Esas palabras de mi pequeño, me hicieron reaccionar de forma inmediata. Primero porque me emocionó ver que una personita tan pequeña ya vivía las fiestas patrias y extrañaba la euforia independentista que nos envuelve por estos tiempos en la casa; y segundo, porque habiendo en el país cosas tan importantes por las que nos debemos preocupar, no podía ser posible que un tema tan trivial y superfluo estuviera usurpando el espacio que solo era de la patria.
Creo que este año he logrado una nueva independencia. En nuestra casa, hemos hecho un propósito para que los temas que son realmente importantes sean los que dominen la agenda familiar, hemos hecho de la celebración de las fiestas patrias un momento para fortalecer la unidad, entendimos lo mucho que se cosecha en un hijo si se siembran valores cívicos, de respeto y de verdadera identidad nacional. Hemos encontrado este año un motivo realmente poderoso por el cual continuar con un esfuerzo genuino de educar con entusiasmo a los pequeños ciudadanos.
De cara al proceso democrático que constituyen las elecciones que en pocos meses celebraremos, pido a Dios que la apatía política que me invade en este momento, pronto se convierta en pasión electoral y que sean las ideas de fondo y no ocurrencias como la de suprimir el nombre de Dios de la constitución, los temas que produzcan esa pasión electoral que no veo y que es necesaria, porque forma parte de los mismos valores que en este setiembre, hemos visto trasgredir a muchos.
viernes, 18 de septiembre de 2009
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